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17 de diciembre de 2014

En el día a día nada es banal, nada es rutina

Montserrat Fabrés es  maestra, asesora pedagógica y coordinadora del Grupo Pikler de la A.M. Rosa Sensat. Además es miembro de la Associació Pikler Hengstenberg de Catalunya.

Reproducimos un artículo suyo que seguro que es de vuestro interés, publicado originariamente en la Revista Infancia: educar de 0 a 6 años. Nº 100, 2006, págs.14-17.




"Uno de los principales objetivos en la educación de los niños es favorecer, facilitar la progresiva adquisición de su autonomía, que llegue a ser autónomo como persona, que pueda ser, hacer
y decidir por sí mismo, procurando conceder mucha atención a que su desarrollo emocional
sea equilibrado, estable y seguro.

La escuela infantil debe promover en los niños el desarrollo de la capacidad de relacionarse, su
capacidad de convivir: escuchar, comprender, tolerar, interactuar, cooperar y compartir con los
adultos y con el otro niño, estableciendo la base de unas relaciones afectivas sólidas y seguras
con los adultos y con los otros niños.

Si partimos del objetivo que el niño debe llegar a ser autónomo, es necesario que empecemos
por respetar su actividad autónoma, su libertad de movimientos, su proceso evolutivo,
partiendo claramente de un niño competente desde que nace. Garantizándole un entorno rico y
estimulante que refuerce el interés de cada niño y a su vez con unos educadores que
acompañen al niño respetando el desarrollo de cada uno de ellos.

El niño debe poder desarrollarse como persona y como miembro de la sociedad. Debemos
respetarle como persona. Asegurándole una atención lo más individualizada posible que le
permitan establecer unas relaciones personales estables, llenas de ternura, confianza y
empatía que serán de una gran influencia para el niño para tomar conciencia de si mismo,
favorecer su autonomía, asegurar su personalidad y adquirir las habilidades sociales
necesarias para la convivencia. 

Mi reflexión pretende valorizar la organización de las actividades, llamadas "rutinas" cotidianas
(higiene , comidas, ...), porque considero que nuestras relaciones con los niños, en los
momentos en que cuidamos de ellos, son muy importantes desde una perspectiva educadora.

Tenemos que repensar estas "rutinas", dándoles una mayor importancia en la distribución del
tiempo pasado con los niños. Tenemos que reformular, preparar y "programar" más minuciosa
y conscientemente este tipo de actividades, para que estas "atenciones" sean de calidad, para
que tengan más "contenido" pedagógico. Hemos de impregnar estas "rutinas" de respeto y de
empatía hacia los niños, para contribuir, también con ellas, a que los niños lleguen a ser más
equilibrados emocionalmente y más autónomos.

La Dra. E. Pikler elaboró durante su trabajo en Lóczy, una especie de "coreografía" donde
todos los aspectos de la relación y la comunicación con el niño quedaban detallados
minuciosamente, consiguiendo unas relaciones envueltas de una calidad extrema.

La experiencia de Lóczy nos demuestra, nos descubre, la importancia de garantizar la calidad
de estos momentos, de estas atenciones, de estas relaciones "rutinarias". Es también, y
especialmente en estos momentos, cuando los niños aprenden a tomar conciencia de ellos
mismos, y a percibir y comprender el mundo que les rodea.

Si les hemos tratado con respeto, atención y comprensión, los niños podrán relacionarse
también de manera respetuosa, confiada, y comprensiva con sus compañeros y con la
sociedad en general.

A menudo, en nuestra práctica diaria en las escuelas, no concedemos la importancia que
merecen estos momentos, estas "rutinas cotidianas". Estas "rutinas" deberían servir para
establecer una relación de complicidad con los niños. Los momentos de la comida o del cambio
de pañales los vivimos de prisa, corriendo, con ansiedad, con nervios. Las realizamos lo más
rápidamente posible, a menudo como si se tratara de un trabajo en cadena, sin casi darnos
cuenta del niño del que nos hemos ocupado. Sin percibir, a veces, durante la comida, el porqué
de la desgana, o de las reacciones negativas ante cambios en los alimentos.

No tenemos tiempo, no podemos parar, tenemos que acabar pronto, no podemos atenderles
como sería conveniente. Consideramos estas actividades como rutinarias, repetitivas, pesadas,
incómodas, y especialmente estresantes durante las comidas.

Normalmente somos capaces de programar unas actividades diarias para los niños de cada
grupo: juegos con agua, harina, juego heurístico... Pero, en cambio, somos incapaces de
pensar, de considerar, de organizar o de "programar" estos momentos, estas actividades, para
aprovecharlas para establecer relaciones cálidas y afectuosas con los niños, para estimular su
participación y cooperación, para conocerse mejor mutuamente.

Deberíamos intentar integrar la pedagogía en estas rutinas, en estas actividades cotidianas,
darles la importancia que merecen y no limitarnos, no obsesionarnos en buscar u organizar
momentos o juegos artificiales para estar con los niños. Deberíamos aprovecharlas para,
también, comunicarnos con ellos, para transmitirles los valores de fondo que persigue nuestra
pedagogía (comprensión, tolerancia, respeto, cooperación, etc.).

No aprovechar estos momentos para la relación y buscar otras ocasiones y actividades para
este fin, nos crea un sentimiento de prisa, de no poder disfrutar durante los momentos que ya
estamos juntos, ni tampoco aprovecharlos para iniciar al niño en la participación y cooperación
durante el cambio y las comidas, de no tener en cuenta su evolución, no respetar sus ritmos,
sus apetencias, sus gustos, en definitiva esto nos impide procurarle el respeto que se merece
como persona. Nos preocuparemos de los objetivos finales, de que adquisiciones debe hacer,
pero no del camino hecho, del proceso, el como va evolucionando cada niño en particular,
según sus capacidades.

¿Porque no pensamos en dar más tiempo a cada niño o en la posibilidad de distribuirlo
distintamente? 

¿Porque las comidas se parecen más a una carrera de obstáculos que a un momento
placentero de aprendizaje y relación?

¿Porque tanta prisa en proponerles comer en grupo tempranamente, sin tener en cuenta el
ritmo de participación de cada niño?

¿Porque no aprovechar mejor el tiempo de acogida, como momentos individuales de
comunicación con el niño y la familia?

Deberíamos dar más importancia a los momentos en que estamos con los niños, durante los
cambios de pañales, comidas y convertir estos momentos de "rutinas cotidianas" en momentos
clave para establecer una relación, momentos clave para la educación.

¿Porqué no los programamos, porqué no los repensamos organizándolos favoreciendo la
autonomía del niño y aprovechándolos para crear unas relaciones sólidas y estables con los
niños ?

Nuestra actitud, como educadores que acompañamos al niño en su crecimiento debe basarse
en:
  • Escuchar sus demandas, dando respuestas adecuadas que le aporten seguridad.
  • Hablar, comunicarle lo que vamos hacer con él, utilizando palabras claras y concisas, descubriéndole a su vez lo que le estamos haciendo. Pidiéndole y no imponiéndole su participación, favoreciendo un diálogo de cooperación desde pequeño.
  • Mirar, mirarle, mostrarnos atentos para señalarle que le estamos viendo, que lo tenemos en cuenta, que compartimos vivencias.
  • Cogerle con manos tiernas y respetuosas, no con brusquedad, manipulándole, transportándole y tratándole como si fuera un objeto sin vida y no como a una persona.

El bienestar del niño, depende en gran medida de la manera como le toca y le coge el adulto.
En darle tiempo, respetándole el que necesita para participar, responder y actuar. Su tiempo, el
tiempo del niño que es distinto al tiempo de los adultos.

Que las atenciones que recibe el niño sean de buena calidad depende también de la actitud
auténtica del adulto. De su sincero y profundo interés por el bienestar del niño. Es importante
que el niño sienta que toda su persona es importante. Durante las comidas, lo esencial no es la
cantidad de comida que le ofrecemos, que se lo coma todo, sino que el niño, coma con placer
según su apetito, que descubra el placer de los buenos sabores y la satisfacción de la
saciedad.

Reflexionemos sobre como organizamos en nuestra Escuela Infantil, con nuestro grupo de
niños, las "rutinas" y como podemos darles otro contenido, llenándolas de respeto y atención
hacia los niños.

Podremos constatar que cuando aprendemos a escuchar mejor a los niños, cuando les damos
unas respuestas más adecuadas a los niños, cuando damos más valor a todo lo que hacemos
con ellos, cuando aprovechamos más los momentos de relación individual, el ambiente se
vuelve más tranquilo para todos.

Y especialmente para los propios niños, porque al recibir una atención más individualizada, el
niño siente que es importante para el adulto, se siente respetado y valorado por alguien que
acoge sus necesidades y le da respuestas adecuadas. Esto influye en el niño positivamente y
no necesitará buscar otras maneras de llamar la atención del adulto, porque recibe
disponibilidad y afecto de su entorno. Este niño que se siente respetado y atendido en sus
necesidades, será un niño capaz de jugar más autónomamente y concentradamente.

Si reorganizamos el tiempo de la jornada, concediendo más importancia al tiempo de las
"rutinas", el ambiente se volverá más amable, más tranquilo, más placentero, de intercambio y 
diálogo, donde el valor fundamental será el respeto por el niño. El respeto por este niño activo y
competente.

Evitemos esta separación absurda, ficticia, entre rutinas y actividades pedagógicas, no
forcemos e impongamos "programas", no consideremos como pesadas y duras obligaciones
los cuidados higiénicos y las necesidades fisiológicas, no nos obsesionemos para realizarlas
rápidamente, para tener más tiempo para educar ... todas las actividades, todos los momentos,
todas las relaciones, todos los cuidados son, efectivamente, educativos.

En el día a día, nada es banal, nada es rutina sino que todo depende del valor que se dé a
cada momento de la relación con el niño.

Vivamos las rutinas cotidianas con placer, concedámosles una mayor relevancia y llenemos su
contenido de buena cualidad e intencionalidad educativa."

3 de abril de 2014

experiencia con el dado bebés en la E.I. Arlequín de Granada

De nuevo nos es grato presentaros otra experiencia educativa con un equipamiento fabricado por nosotros. Esta vez es el dado bebés (cubo Pikler) basado en la experiencia, como muchos de nuestros materiales, en la pedagogía desarrollada en el Instituto Lóczy por Emmi Pikler.
Esta experiencia la ha elaborado la Escuela Infantil Arlequín que pertenece a la Fundación Granada Educa.

Y de nuevo, no nos queda más que agradecer a todos los que trabajan por una educación infantil de calidad con una mirada de respeto y confianza en la evolución de la infancia. Especialmente al equipo educativo de Arlequín.


Para poder ver esta propuesta educativa:  "pincha aquí"
Comentarios sobre el dado bebés por la E.I.M. Arlequín:  "pincha aquí"
Para poder descargarte la ficha técnica del dado bebés:  "pincha aquí"


El equipo Almenara

9 de septiembre de 2013

nace la Asociación Pikler Lóczy en Euskadi

Nos es grato anunciaros que este verano ha nacido, o mejor dicho, se ha reconvertido la red  Pikler Lóczy de Euskadi en Asociación. y deciros que nace con fuerza, con una web con mucha información, dinámica, atractiva, y organizando unas jornadas de formación para final de septiembre donde asistirán Eszter Mózes y Judith Kelemen de Budapest.

Para que podáis ir directamente a la página web en castellano de "Pikler Lóczy Euskal Herriko elkartea" y podáis visualizar,  disfrutar y aprovechar toda la información que se ofrece, pinchar directamente en la imagen.




y sino, la dirección web es:  http://www.piklerloczy.org/es


el equipo Almenara


8 de mayo de 2013

Curso de primer nivel en el Instituto Pikler para Profesionales


Como ya os comunicamos por nuestras redes sociales, hemos estado en Lóczy (Budapest) haciendo el curso de primer nivel desde el lunes 15 de abril al viernes 19.
Para los que nos conozcáis, ya sabéis que tanto Pepe como yo (Carlos) llevamos más de 20 años con los equipamientos para la educación infantil 0-3. Ya desde entonces conocíamos la experiencia de Lóczy y el trabajo de Emmi Pikler. Nuestra mentora, tutora, pedagoga y diseñadora, Rosa Vidiella i Badell (técnica de los espacios y equipamientos para las escoles bressols del Ayuntamiento de Barcelona) nos introdujo en una nueva forma de entender la educación de los niños más pequeños y, por tanto, una nueva forma de entender los espacios y equipamientos. Y en muchos aspectos sacados de todo el trabajo que hace Lóczy.
Y a pesar de llevar tanto tiempo conociendo la experiencia de Lóczy, este primer curso ha sido un descubrimiento. Desde el primer día vacié el vaso de todos los preconceptos que llevaba y día a día lo fui llenando con toda la información, filosofía y metodología que Lóczy utiliza desde hace más de 60 años. Una forma maravillosa de educar en la confianza, el respeto y la comunicación. Un sistema que funciona y funciona muy bien. Lóczy confía en las capacidades de desarrollo del ser humano desde que nace.
Cuando se nombra Pikler o Lóczy se relaciona con el movimiento libre, el desarrollo de la infancia a través de la motricidad amplia. Pero mi gran descubrimiento es que eso sólo es la punta del iceberg. Es todo una forma de hacer que cuida todos los detalles desde que el niño llega a la escuela infantil hasta que se va, y la relación con las familias. Consideran su trabajo muy profesional y humildemente. La importancia de la educación infantil en Hungría no es muy diferente a nuestro país, pero ellas tienen un concepto muy alto de su trabajo.
Deciros que estoy muy satisfecho de haber asistido a este curso en la misma fuente. Y para todas aquellas que la educación infantil en estas primeras edades es una vocación es muy importante, interesante que intentéis ir.
No os voy a hablar de los contenidos porque es muy difícil poderos transmitir todo lo que he recibido. Simplemente os adjunto el programa de la formación. Y ante todo agradecer a todas las ponentes que participaron, Katalin Hevesi, Zsusha Libertiny, Eszter Mózes, Szilvia Papp, Eva Kallo, Judit Hafner, Andrea Szóke y Timea Juhasz (traductora), y a todas las que con su trabajo están presentes. También agradecer a todos mis compañeros y compañeras del curso de Galicia, Euskadi y Cataluña, y un servidor de Andalucía. Y cosa curiosa e interesante, éramos más hombres que mujeres.
Si deseais más información, no dudéis en poneros en contacto con nosotros

Un saludo

El equipo Almenara